
Por CLAUDIO MÁRQUEZ
Nada es ahora más importante dentro de la agenda política del PLD que definir su posición de cara al proceso electoral del 2012. El PLD debe continuar siendo ejemplo de organización política sustentada en principios, no en componendas de ningún tipo.
Como llegaran a expresar alguna vez los falangistas españoles, “es hora de actuar de cara al sol”, y evitar con las decisiones y actuaciones partidarias correctas ser una organización más del montón político dominicano. La apreciación de la gente es que el PLD logará sortear, es decir, evadir las dificultades expresadas en la actual coyuntura y salir hacia delante.
Colmado de ejemplos de indiscutible respeto a las decisiones de sus organismos, al arbitraje de sus normas y disposiciones internas, mal haría el PLD si tomase decisiones al margen de su tradición partidaria. Ahora que el notable periodista Orlando Gil advierte sobre “maniobras” de sectores interesados en posponer el Congreso Elector Interno del PLD y, en consecuencia, prolongar la escogencia de su candidato presidencial, debe ponerse especial atención a los giros y encerronas a que puedan conducir estas aptitudes
Nadie está por encima de la organización, nadie está por encima del Partido y, en consecuencia, es hora de ventilar con ojo óptico la secuencia y secuela de este acontecimiento. Forjado en los principios del orden, el respecto a su democracia interna y la disciplina, es contradictorio que
Nada es ahora más importante dentro de la agenda política del PLD que definir su posición de cara al proceso electoral del 2012. El PLD debe continuar siendo ejemplo de organización política sustentada en principios, no en componendas de ningún tipo.
Como llegaran a expresar alguna vez los falangistas españoles, “es hora de actuar de cara al sol”, y evitar con las decisiones y actuaciones partidarias correctas ser una organización más del montón político dominicano. La apreciación de la gente es que el PLD logará sortear, es decir, evadir las dificultades expresadas en la actual coyuntura y salir hacia delante.
Colmado de ejemplos de indiscutible respeto a las decisiones de sus organismos, al arbitraje de sus normas y disposiciones internas, mal haría el PLD si tomase decisiones al margen de su tradición partidaria. Ahora que el notable periodista Orlando Gil advierte sobre “maniobras” de sectores interesados en posponer el Congreso Elector Interno del PLD y, en consecuencia, prolongar la escogencia de su candidato presidencial, debe ponerse especial atención a los giros y encerronas a que puedan conducir estas aptitudes
Nadie está por encima de la organización, nadie está por encima del Partido y, en consecuencia, es hora de ventilar con ojo óptico la secuencia y secuela de este acontecimiento. Forjado en los principios del orden, el respecto a su democracia interna y la disciplina, es contradictorio que
Por ello se ve el PLD sometido a una prueba crucial, como sostiene el comentarista del periódico Listín Diario Orlando Gil.
El PLD debe hacer lo que le conviene, aunque las circunstancias no tiendan a favorecer a los que desde esferas importantes de poder, maniobran para dislocar el calendario de su Congreso Elector. Comprender el carácter dialéctico de la sociedad y la política, así como sujetar su realidad al valor de los principios y de la tradición histórica de la organización, supone de comprensión, de sensatez y buen juicio.
Pendiente aún está el compromiso partidario de crear una sociedad más justa y equitativa. Como organización política de vanguardia, el PLD nunca ha tenido dos caras. Nunca ha requerido de antifaz para disponer de sus acciones políticas internas y externas.
Ha sido una organización que ha trabajado “de cara al sol”, por lo que tampoco ha tenido que decir al pueblo una cosa y mañana la otra. Sustentada en los principios del boschismo, el PLD tampoco tiene la necesidad de apelar la simulación o la doblez para desempeñar su rol como organización política de avanzada. Sí es necesario ajustarse a las circunstancias, lo que tampoco implica echar a un lado los principios.
El PLD escogerá a más tardar en el mes de marzo su candidato presidencial y lo hará en el marco de un proceso convencional interno transparente, aglutinante y que no ofrezca duda de ningún tipo.
Entre marzo y mayo el Partido de la Liberación Dominicana –PLD- habrá escogido su candidato a la presidencia de la República, espacio de tiempo necesario para orquestar y empujar una adecuada estrategia de penetración y convencimiento en la población de electores de la nación.
A su ventaja está que no parte de cerco. A su ventaja está el cómodo nivel de posicionamiento que exhibe en los actuales momentos, con más de un 50 por ciento de la simpatía del electorado nacional. Sin embargo, el cuadro ventilado, como consecuencia directa de la crisis económica internacional, así como de los agregados especulativos adheridos a la situación, plantean exigencias políticas especiales, sobre todo si tomamos en cuenta el crecimiento del liderazgo interno de la organización y la forma en que diferentes e importantes dirigentes de la misma comienzan a matizar y ventear el futuro de la sociedad dominicana.
De ahí que alargar la escogencia del candidato presidencial del PLD no tenga sentido. De hecho, constituye una maniobra peligrosa en medio de la realidad contextual, el acecho y el condicionamiento cada vez más definido en las filas opositoras.
Si bien todo parece indicar que no habrá problemas mayores dentro del PLD, es importante tomar desde ahora las previsiones de lugar, y asumir todo un discurso de unidad, de participación y de cero exclusión.
El PLD necesita ganar las elecciones presidenciales del 2012 porque no hay en el panorama político nacional fuerza política que ofrezca las garantías de estabilidad requeridas para continuar echando hacia delante los caminos del bienestar y el progreso integral de la sociedad dominicana.
Lo importante no es simplemente que seamos la organización política de poder; para poder preservar esa condición debemos madurar y avanzar en la práctica democrática de la política.
En lo que respecta a la competencia del Comité Político en los actuales momentos, es lógico suponer que el mismo deberá actuar con la mesura y el cuidado pertinente para evitar incomprensión y desajustes que se expresaría electoralmente contra la imagen de la organización.
Mientras el PRD desarrolla su campaña de promoción convencional interna bajo condiciones unitarias precarias, el PLD debe reflejar lo contrario, pero si comienza a desechar sus propios acuerdos, entonces sí que estaríamos cavando nuestra propia tumba.
El autor es periodista.
El PLD debe hacer lo que le conviene, aunque las circunstancias no tiendan a favorecer a los que desde esferas importantes de poder, maniobran para dislocar el calendario de su Congreso Elector. Comprender el carácter dialéctico de la sociedad y la política, así como sujetar su realidad al valor de los principios y de la tradición histórica de la organización, supone de comprensión, de sensatez y buen juicio.
Pendiente aún está el compromiso partidario de crear una sociedad más justa y equitativa. Como organización política de vanguardia, el PLD nunca ha tenido dos caras. Nunca ha requerido de antifaz para disponer de sus acciones políticas internas y externas.
Ha sido una organización que ha trabajado “de cara al sol”, por lo que tampoco ha tenido que decir al pueblo una cosa y mañana la otra. Sustentada en los principios del boschismo, el PLD tampoco tiene la necesidad de apelar la simulación o la doblez para desempeñar su rol como organización política de avanzada. Sí es necesario ajustarse a las circunstancias, lo que tampoco implica echar a un lado los principios.
El PLD escogerá a más tardar en el mes de marzo su candidato presidencial y lo hará en el marco de un proceso convencional interno transparente, aglutinante y que no ofrezca duda de ningún tipo.
Entre marzo y mayo el Partido de la Liberación Dominicana –PLD- habrá escogido su candidato a la presidencia de la República, espacio de tiempo necesario para orquestar y empujar una adecuada estrategia de penetración y convencimiento en la población de electores de la nación.
A su ventaja está que no parte de cerco. A su ventaja está el cómodo nivel de posicionamiento que exhibe en los actuales momentos, con más de un 50 por ciento de la simpatía del electorado nacional. Sin embargo, el cuadro ventilado, como consecuencia directa de la crisis económica internacional, así como de los agregados especulativos adheridos a la situación, plantean exigencias políticas especiales, sobre todo si tomamos en cuenta el crecimiento del liderazgo interno de la organización y la forma en que diferentes e importantes dirigentes de la misma comienzan a matizar y ventear el futuro de la sociedad dominicana.
De ahí que alargar la escogencia del candidato presidencial del PLD no tenga sentido. De hecho, constituye una maniobra peligrosa en medio de la realidad contextual, el acecho y el condicionamiento cada vez más definido en las filas opositoras.
Si bien todo parece indicar que no habrá problemas mayores dentro del PLD, es importante tomar desde ahora las previsiones de lugar, y asumir todo un discurso de unidad, de participación y de cero exclusión.
El PLD necesita ganar las elecciones presidenciales del 2012 porque no hay en el panorama político nacional fuerza política que ofrezca las garantías de estabilidad requeridas para continuar echando hacia delante los caminos del bienestar y el progreso integral de la sociedad dominicana.
Lo importante no es simplemente que seamos la organización política de poder; para poder preservar esa condición debemos madurar y avanzar en la práctica democrática de la política.
En lo que respecta a la competencia del Comité Político en los actuales momentos, es lógico suponer que el mismo deberá actuar con la mesura y el cuidado pertinente para evitar incomprensión y desajustes que se expresaría electoralmente contra la imagen de la organización.
Mientras el PRD desarrolla su campaña de promoción convencional interna bajo condiciones unitarias precarias, el PLD debe reflejar lo contrario, pero si comienza a desechar sus propios acuerdos, entonces sí que estaríamos cavando nuestra propia tumba.
El autor es periodista.





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