LA PLAZA DE LA TRINITARIA, HOY DE LA VERGUENZA EN EL BICENTENARIO DE DUARTE


La Plaza de la Trinitaria da la bienvenida a todos los transeúntes que pasan de Santo Domingo Este hacia el Distrito Nacional y despide a quienes salen de la ciudad con destino al Este del País, construida a principio de los 70 por el doctor Joaquín Balaguer en honor a los trinitarios y la sociedad secreta, representa un símbolo patrio de primera envergadura.
A principios de su inauguración y hasta finales de los 90 el lugar ubicado entre la avenida Josefa Brea esquina 27 de febrero, en la cabecera de los puentes Juan Pablo Duarte y Juan Bosch, adornaba todo el lugar con luces y fuentes con chorros de agua que le convertían en un espacio para la diversión en familia, muy visitado los fines de semana, cuando las bandas de música del cuerpo de bomberos y de la policía nacional presentaban espectáculos de orden municipal, lo que lo convertía en un monumento de gran interés para residentes y visitantes gustaban de pasar un tiempo de calidad entre tragos y romances.
Mucha gente vive para contar sus historias de amor en la Plaza de la Trinitaria, era una fuente de inspiración para la ciudad de Santo Domingo, llegando a convertirse en un símbolo nacional, hoy no es así, de ser administrada por el Ayuntamiento del Distrito Nacional ha pasado a ser regenteada por la delincuencia en la persona de individuos sin viviendas que duermen y viven debajo de las escaleras, en donde se bañan y hacen todas sus necesidades fisiológicas, incluyendo relaciones sexuales entre homosexuales, lesbianas, prostitutas y heterosexuales al granel que gustan de hacer al amor al aire libre.
Después de las 7 de la noche se va convirtiendo en un espacio respetado por el peatón normal y abre paso a los asaltantes, ladrones y atracadores sorprenden a los incautos no conocen el infierno en la tierra, lo peor es que las autoridades saben todo lo que ocurre cada día sin que nadie haga nada, las violaciones y delitos cometidos en el lugar van desde un simple robo hasta un abuso sexual, a cargo de los delincuentes callejeros en confabulación con alguno que otro huele cemento o borracho conocido.
Todos los motoristas hacen acarreo de personas en el lugar, saben lo difícil se torna la noche y ofrecen sus servicios  hasta determinadas horas para no tener que convertirse en víctimas de los dueños de la noche, quienes actúan hasta ahora con mucha libertad, pues casi nunca nadie cae preso a pesar de los cientos de denuncias se realizan en los destacamentos de policías entre el barrio la Fuente, San Carlos y Villa Duarte, entre otros poblados.
La Plaza de la Trinitaria ha sido convertida en una gran letrina que también es hotel desde las 10 de la noche hasta el amanecer de cada día, es algo más que un gran orgasmo a cielo abierto, es tierra de nadie, Sodoma y Gomorra, pero sin nada que impida la libre expresión de quienes van a comprar y a vender sexo y sin nada que lo sancione.

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