Los feminicidios.Cada mujer asesinada deja un vacĂo irreparable, una
ausencia que no solo resuena en las estadĂsticas, sino en los hogares, en las escuelas y en los corazones más inocentes:Cuando una mujer es vĂctima de feminicidio, no solo perdemos una madre, una hija, una hermana. TambiĂ©n dejamos en la orfandad emocional y muchas veces material a niños y niñas que no pidieron ser parte de este horror.
Hijos que, en un instante pierden a su figura de amor, cuidado y protecciĂłn… y al mismo tiempo, en muchos Estos casos quedan marcados por la violencia de un padre que destruyĂł su mundo antes de destruir el suyo.
Porque los feminicidios no solo matan a una mujer, heridas hechas de miedo, silencio y confusiĂłn.Niños que crecen con el trauma de haber visto, oĂdo o
intuido lo que nunca debieron conocer el odio donde debĂa haber amor.Algunos enfrentan la dura realidad de pasar de un hogar a instituciones o a familias que, aunque llenas de amor, no pueden borrar la huella del trauma.Otros cargan culpas que no les pertenecen, preguntas sin respuesta, y un dolor que, sin atenciĂłn y acompañamiento psicolĂłgico, puede transformarse en depresiĂłn, ansiedad o ciclos que repiten el mismo patrĂłn de violencia.
Y aĂşn asĂ, ¿cuántas veces estos niños quedan invisibles en el debate pĂşblico?Hablar de feminicidios no es solo hablar de justicia para las mujeres, es tambiĂ©n proteger la vida emocional y social de los hijos, quienes deben ser tratados como vĂctimas directas.Apoyarlos psicolĂłgicamente, garantizarles estabilidad, proteger su futuro educativo y emocional, no es un gesto de ayuda: es un deber del Estado, de la sociedad y de todos nosotros.Porque al salvar a estos niños, estamos rompiendo la cadena del trauma, estamos creando adultos sanos,
resilientes, capaces de construir relaciones basadas en el respeto y no en el miedo.Estamos apostando por un futuro donde el amor no termine en violencia, acompañemos sus voces, aunque todavĂa no sepan cĂłmo gritar.
Acojamos su dolor, aunque todavĂa no sepan cĂłmo expresarlo.Hagamos visible lo que por años ha permanecido en las sombras: los hijos tambiĂ©n son vĂctimas de los feminicidios.Que este compromiso no sea solo palabras, debes convertirlo en acciĂłn, educaciĂłn, prevenciĂłn, y un abrazo social y humano para quienes, sin pedirlo, cargan la La herida más profunda de todas: perder a su madre por la violencia machista.Por ellas, por ellos, por una sociedad que elige la vida, la empatĂa y la justicia, porque vivir sin los cuidados y el amor de un padre es difĂcil, bien difĂcil, pero sobrevivir sin
una madre es casi imposible.Hoy levantamos nuestras voces no solo por las mujeres que ya no están, sino también por quienes siguen aquÅ
los hijos e hijas que quedaron huĂ©rfanos por el asesinato de sus madres.Niños que no escogieron esta tragedia, pero que la llevan marcada en el alma desde el dĂa en que la violencia les arrebatĂł el abrazo más sagrado, el de su madre.En la RepĂşblica Dominicana, hablar de feminicidios es hablar de un dolor que se repite, año tras año, sin descanso.Pero cuando nos detenemos a mirar a los ojos a esos niños, cuando escuchamos sus historias, cuando entendemos su soledad, la magnitud de esta tragedia
adquiere un rostro, un nombre y un llanto.
Las cifras estremecen:Entre 2016 y 2024, la violencia machista dejĂł en el paĂs 1,072 niños, niñas y adolescentes huĂ©rfanos.
SĂ, escucharon bien: más de mil niños sin madre en apenas ocho años.Detrás de esa cifra frĂa hay realidades desgarradoras: 524 son hijos e hijas directos de las mujeres asesinadas.
130 son niños que quedaron sin padre y sin madre, porque su papá mató a su mamá y luego se suicidó o cumple una condena en la cárcel.418 son hijos de los agresores, que también perdieron a un padre, no porque muriera, sino porque él decidió destruir su propia familia.
Y estas cifras no se detienen.En el año 2024, solo en ese año, 73 mujeres fueron asesinadas por sus parejas o exparejas, dejando 77 niños huérfanos.La Fundación Vida Sin Violencia nos recordó una verdad aterradora:
En 2024, al menos 54 niños quedaron huĂ©rfanos por feminicidios Ăntimos.Y este año, 2025, el dolor continĂşa acumulándose.
En los primeros seis meses ya contábamos con: 27 feminicidios ,37 niños huérfanos solo en medio año Y la cifra total de este año asciende a 79 huérfanos por feminicidios cometidos por parejas o exparejas.
Si sumamos todo lo que hemos vivido en la Ăşltima dĂ©cada, podemos decir —con vergĂĽenza y con rabia—que en la RepĂşblica Dominicana estamos criando generaciones completas de niños marcados por la violencia.Cuando una mujer es asesinada, la noticia se escucha, se comparte, se comenta, pero pocas veces alguien se detiene a preguntar:
¿QuiĂ©n cuidará a sus hijos?¿DĂłnde dormirán esta noche? ¿QuiĂ©n les explicará por quĂ© su mamá no regresará?
¿QuiĂ©n escuchará el llanto que ellos sueltan cuando las luces están apagadas?Muchos de estos niños pasan a vivir con abuelas que ya tienen más años que fuerzas, con tĂas que hacen malabares econĂłmicos, con familias que, aunque están llenas de amor, no siempre cuentan con los recursos para sostener emocionalmente a un niño que vio o escuchĂł lo
peor de las violencias.Algunos quedan en instituciones, otros luchan contra el
trauma sin acompañamiento psicolĂłgico, algunos callan, otros repiten patrones, otros se pierden y muchos —muchos— crecen con esta pregunta que el tiempo no responde: “¿Por quĂ© me quitaron a mi mamá?
La violencia no mata a una sola persona, cuando un feminicidio ocurre, no se apaga solo la vida de una mujer, la violencia tiene un efecto dominĂł devastador:
mata futuros, rompe familias, hiere comunidades. rompen una generación.Estos niños cargan heridas invisibles,
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